Bartolomé María de Ercilla (1863-1898) nació en el seno de una familia acomodada, hijo del que fuera alcalde de la localidad, Juan Timoteo de Ercilla y Cenarruzabeitia. Posiblemente esto le facilitó el relacionarse desde su juventud con algunos de los principales estandartes de la cultura vasca del momento, como Miguel de Unamuno, Felipe Arrese o Arturo Campion.Compaginó su labor compositiva con la docencia, la interpretación del piano, la dirección de conjuntos instrumentales y vocales e incluso con la organización de eventos culturales, como las veladas musicales del Círculo de la Amistad de Bilbao.
Falleció en Durango, de muerte natural según las crónicas, cuando el compositor contaba con solo 35 años.”Fue un artista bohemio, alegre y generoso, un músico que, a pesar de su obra, es autor de unos zoztzikos maravillosos y de un villancico legendario. El autor ha permanecido invisibilizado a lo largo de los años. No sé si voluntaria o involuntariamente, tal vez su persona no fuera entendida por la mojigatería de sus coetáneos en Durango y es entonces cuando empieza su condena al ostracismo”, estima la filóloga y documentalista Marian Díaz Gorriti.
Entre otras incógnitas relativas al maestro, se suele atribuir su figura a la de un músico con barba que aparece en una fotografía. Marian Diaz Gorriti supone que “algún contemporáneo que conoció al músico puso su nombre en la única fotografía conocida que hay de la banda de música La Amistad tomada hacia 1893. De no ser así, resultaría extraño que, no siendo su director, habiéndola dirigido solo con ocasión de las Fiestas de San Antonio de ese mismo año, salga él en una foto con la batuta de director en la mano, porque Ercilla nunca fue director de esa banda”