Franz Schubert (1797–1828) fue un brillante compositor austríaco que se convirtió en el gran puente entre el Clasicismo y el Romanticismo. Nacido en Viena, demostró un talento musical precoz como niño cantor de la capilla imperial y alumno del célebre Antonio Salieri. A pesar de su genialidad, vivió una vida modesta y económicamente precaria, alejado de los grandes lujos aristocráticos y apoyado por un círculo íntimo de amigos artistas con quienes celebraba las famosas “schubertiadas”, reuniones bohemias dedicadas a su música.
A pesar de su trágica y prematura muerte a los 31 años, Schubert dejó una obra monumental y es considerado el padre del Lied moderno, tras haber compuesto más de 600 canciones para voz y piano que unían de forma perfecta la poesía con la música. En sus partituras instrumentales destacan obras cumbre como la emotiva Sinfonía inacabada, el célebre quinteto La trucha y sus profundas últimas sonatas para piano, piezas que reflejan una sensibilidad lírica incomparable y una melancolía que definió el espíritu romántico.