Juan de Fermoselle, más conocido como Juan del Encina (1468-1529), fue un destacado poeta, músico y dramaturgo salmantino considerado el patriarca del teatro español renacentista. Tras estudiar leyes en la Universidad de Salamanca, donde tuvo como maestro a Antonio de Nebrija, entró al servicio de los duques de Alba. En su corte estrenó sus primeras piezas dramáticas y musicales. Posteriormente, viajó a Roma, donde obtuvo el favor de varios papas, y tras ordenarse sacerdote y peregrinar a Tierra Santa, pasó sus últimos años como prior en la catedral de León.
Su producción literaria y teatral revolucionó la escena de su tiempo a través del formato de la égloga, un subgénero pastoral en el que combinaba el diálogo en lengua leonesa o castellana con la música y la danza. Su consagración llegó en 1496 con la publicación de su célebre Cancionero, un compendio de sus poemas y piezas teatrales tempranas que incluía el Arte de la poesía castellana, uno de los primeros tratados de poética en esta lengua. Entre sus obras dramáticas más maduras y ambiciosas destacan la Égloga de las grandes lluvias, la Égloga de Cristino y Febea y la Égloga de Plácida y Vitoriano, donde el contenido profano y humanista alcanza su máxima expresión bajo la influencia italiana.
Además de su faceta teatral, Encina fue uno de los compositores musicales más importantes de su época, dejando una huella imborrable en la polifonía religiosa y profana de la corte de los Reyes Católicos. Sus composiciones musicales, recogidas principalmente en el renombrado Cancionero de Palacio, destacan por sus romances y villancicos de corte popular y cortesano, dotados de una gran sensibilidad lírica. Canciones líricas suyas como “Hoy comamos y bebamos” o “Más vale trocar” siguen interpretándose hoy en día como máximos referentes de la música renacentista española.