Vladímir Fiódorovich Vavílov (1925–1973) fue un talentoso guitarrista, laudista y compositor soviético que protagonizó uno de los mayores engaños de la historia musical. Formado en el Colegio de Música Rimski-Kórsakov de Leningrado, dedicó gran parte de su carrera a promover la música antigua en la Unión Soviética. Sin embargo, su verdadero legado radica en haber compuesto obras maestras que luego atribuyó deliberadamente a autores clásicos del Renacimiento y el Barroco.

Su estrategia de “mistificación” respondió al temor de que las discográficas estatales ignoraran las creaciones de un compositor contemporáneo desconocido, además de la estricta censura hacia la música sacra. En 1970 lanzó un álbum de laúd donde incluyó piezas propias bajo el sello de “Anónimo” o de autores antiguos. Entre ellas destaca su célebre Ave María, la cual fue registrada erróneamente años después a nombre de Giulio Caccini, convirtiéndose en un fenómeno comercial y artístico a nivel global.

A pesar del éxito masivo de sus melodías, que incluso se transformaron en himnos de la cultura popular rusa, Vavílov nunca recibió regalías sustanciales debido al rígido sistema económico soviético. El compositor falleció en la pobreza a los 47 años a causa de un cáncer de páncreas, sin llegar a presenciar la fama mundial de su obra ni el posterior reconocimiento póstumo de su verdadera autoría.