Acerca de la Obra

Compositor: Padre Fco. de Madina

Época: Contemporánea (s. XX y XXI)

Etiquetas: Sacra, Repertorio misas

Idioma: Euskera

Si existe una obra que sirve para identificar a Francisco de Madina es el “Aita Gurea”. Esta plegaria ha quedado asociada a la figura del músico oñatiarra del mismo modo que “Noche de paz” permanecerá por siempre vinculado a Franz Gruber. Algunas piezas musicales nacen tocadas por un halo de gracia, envueltas en un embrujo del que resulta imposible sustraerse. Quien lo escucha por primera vez, no importa el idioma en el que se cante, queda subyugado por un mensaje sonoro que trasciende el mero soporte de las palabras. La melodía se vuelve imperceptiblemente súplica, y nos conduce más allá del texto, a una esfera donde sólo en contadas ocasiones el arte es capaz de arrebatarnos. Se strenó en la Catedral de Buenos Aires en 1947.

Pero no se trata sólo de una sensación captada por el sentir popular. Los propios críticos musicales se han sentido subyugados ante su grandiosa simplicidad, la “solemnidad religiosa e imponente en su sencillez”, o lo expuesto por el crítico musical Francisco Esnaola cuando escribía sobre el “Aita Gurea” en 1980, casi una década después del fallecimiento de Madina: “una inspirada página de sonoridades grandiosas, de concepción majestuosa que causa la impresión de una verdadera plegaria espiritual”. Músicos como José María González Bastida no tenían empacho en confesar la emoción que les producía escuchar esta plegaria.

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Francisco de Madina Igarzábal, conocido afectuosamente como Padre Madina o Aita Madina (1907–1972), fue un célebre religioso lateranense, músico y compositor español nacido en Oñate, Guipúzcoa. Tras ingresar en la orden de los canónigos regulares lateranenses en su villa natal, se trasladó a Burgos para cursar estudios de Filosofía y Teología. Fue allí donde perfeccionó sus conocimientos en composición bajo la tutela de reconocidos maestros como José María Beobide y Antonio José. Ordenado sacerdote en 1929, su trayectoria dio un giro definitivo en 1932 cuando fue destinado a América, residiendo primero durante más de dos décadas en Argentina —donde fundó agrupaciones e impulsó la cultura coral vasca— y posteriormente en Nueva York (Estados Unidos), ejerciendo como organista y superior religioso. Pocos meses antes de su muerte en 1972, regresó a su Oñate natal, donde reposan sus restos.

Su producción musical, de carácter marcadamente nacionalista y a la vez universal, destaca por integrar las raíces del folclore vasco con las corrientes musicales contemporáneas de su época. Aunque su formación fue fundamentalmente autodidacta, compuso un prolífico catálogo que abarca sonatas, piezas para órgano y piano, oratorios y destacadas obras concertantes, como su célebre Concierto Vasco para cuatro guitarras y orquesta, dedicado a la famosa familia de guitarristas Los Romeros. Sin duda, su creación más emblemática e interpretada a nivel internacional es el Aita Gurea (Padrenuestro en euskera)